Anda el gallinero más que revuelto por lo único por lo que parece que se arma revuelo de unos años para acá: el pedospé.
Y es que parece ser que no importa que comprarse un piso sea más complicado aún que tener trabajo fijo, o que los servicios públicos funcionen por una mezcla de inercia, casualidad y magia-potagia (no me atrevo ni a nombrar lo de que se prohiban partidos políticos). No, lo que verdaderamente importa, lo que de verdad nos hace hervir la sangre es que nos amenacen con no dejarnos seguir bajando pelis ni discos de internet.
¡Es indignante! Tanto, que incluso alguno de esos estudiosos expertos en tecnología, esos que adornan la cabecera de su blog con una foto de sí mismos emulando la pose de “El Pensador”, se ha permitido llamar a esto “uno de los más lamentables espectáculos de la historia de la democracia española”.
Yo, que soy tirando a old school, me guardaría eso para acontecimientos del calibre de intentos de golpe de estado, o de elecciones autonómicas amañadas, por poner dos ejemplos, pero obviamente, nunca me he hecho una foto sujetándome el mentón con la mano y con la mirada perdida.
Lo que a mí me preocupa de todo esto es el tufillo a que, como siempre que se trata cualquier tema relacionado con el pirateo, y especialmente con la posición del Estado frente a él, se trata de hacer mucho ruido y agitar mucho los brazos clamando por el respeto a una serie de derechos que se resumen en “yo me quiero poder bajar lo que me dé la gana”.
Y es que la última vez que lo comprobé, la Declaración de los Derechos Humanos no contemplaba el uso de bittorrent en ninguno de sus puntos. Eso sí, el p2p es un derecho inalienable, que debemos defender publicando manifiestos, protestando en nuestros blogs y tuitireando a diestro siniestro. ¡La razón está de nuestro lado!. O acaso no es verdad que…
Las discográficas son como dinosaurios con un modelo de negocio caduco.
¿Eso qué significa? ¿Qué es lo caduco? ¿Que unos señores pongan dinero para comprar el fruto del trabajo de otros para luego revenderlo a varias veces su valor de producción quedándose con las plusvalías? Eso, efectivamente, está en el diccionario, pero se llama “capitalismo”. Otro señor mucho más viejo y caduco que yo lo describió como “la fuerza de producción no se beneficia del resultado de su esfuerzo productivo”. ¿Que habría que acabar con ello? Desde luego. Pero con todo ello.
¿O no es eso lo mismo que hacen las inmobiliarias? ¿No se ha estado inflando el precio del ladrillo artificialmente en los últimos diez años para que unos pocos, muy pocos, se embolsaran el beneficio? ¿Eso no es caduco? ¿Eso no merece nuestra indignación?
Las discográficas roban a los artistas.
Como lo que nos preocupa es el bienestar de los artistas, no vamos a comprar ni un disco más, sino que nos los vamos a bajar. Que les den a las discográficas que tanto explotan a los pobres músicos. Nosotros vamos a restituir la necesaria justicia a base de bittorrent.
Los estudios demuestran que los que más bajan son los que más compran.
Los números sirven para demostrar cualquier cosa. Fin de mi argumentación.
Con argumentos tan sólidos como esos, claro está, sólo queda subirse a la oleada de indignación que, por casualidad, han ayudado a alimentar los que llevan años construyendo su modelo de negocio en crear opinión en internet.
Pero, realmente, ¿qué es lo que preocupa? ¿Que se puedan bloquear determinadas webs con intervención judicial o el miedo a que me puedan cortar el acceso a internet o me puedan bloquear determinados puertos? Porque, sinceramente, lo de “se acaban de cargar la libertad y la democracia” no se lo traga nadie. Al menos, no por esto.
Para terminar, a los que consideran su deber vocear cómo nunca más van a volver a votar al actual gobierno por esto, mi más sincero y profundo desprecio. Si tu voto depende de que te puedas bajar o no una peli o un disco, es lo mínimo que te mereces. Todos los días hay mil y una oportunidades de indignarse por mil y una injusticias, de las reales, de las que afectan profundamente a mucha gente. De las que afectan a gente ahora, y de las que van a afectar a mucha más gente en el futuro.