Contexto y lenguaje no verbal
Una batallita de esas de la vida diaria-realescomolavidamisma.
Pues resulta que llevo ya dos meses lesionado. Las ventajas del “mens sana in corpore sano”. En teoría no es más que una tendinitis, pero que de no curarla bien está mutando, moviéndose arriba y abajo por la pierna. Pero ése no es el tema.
En realidad sí lo es, pero no directamente. El caso es que Ms. Tendinitis nos va a venir bien para ilustrar cómo se producen, muchas veces, las comunicaciones en este pueblo.
Y es que, generalizando, ni dios habla inglés. Si les preguntas, todos te dicen que lo hablan, pero la realidad es que, los pocos que lo hablan, se pierden en cuanto te sales un poco de una serie de fórmulas establecidas. Por ejemplo, si dices “hold on a second” te miran como si hubieran visto un fantasma; si dices “please wait a moment” todo el mundo te entiende. Y así, infinidad de ejemplos, lo que hemos venido en llamar el “inglés basado en palabras clave”.
Total, que gran parte del proceso de comunicación se produce por obra y milagro de dos grandes aliados: el contexto, y el lenguaje no verbal.
Ejemplo 1: el contexto
Imaginemos que el día X del mes Y acudes a pagar la cuota mensual de un servicio. En contraprestación al pago, te entregan un carnet que dice que tienes derecho a utilizar ese servicio hasta el día X del mes Y+1. Bien, hasta ahí todo normal.
Pero, imaginemos que se equivocan al darte el carnet, y te ponen que es válido hasta el día X del mes Y (no del Y+1). ¿Solución? Te pasas por ventanilla al día siguiente (punto importante), concretamente por la ventanilla en la que está la señora que te atendió (punto aún más importante), enseñas el carnet, y dices “not OK” en cantonés, o incluso en inglés si tienes el día peleón, apuntando con el dedo a la cifra del mes. Por la magia del contexto, la señora, que obviamente se acuerda de ti, y que has pagado el día anterior, rápidamente reconoce el error en la cifra del mes y la corrige.
Ejemplo 2: el lenguaje no verbal
Y en este caso, lo que quería yo contar al empezar la batallita. Vas al médico con la lesión de dos meses, y el médico te toquetea la pierna, te dice como puede que no es grave, y te dice como puede que te va a dar Voltarén, que te tomes las pastillas, y que vuelvas “ya si eso”. Pasas por el dispensario con la receta, y te entregan 90 comprimidos de Voltarén (o equivalente). ¿Conclusión? “Ahí tienes pastillas para un mes, no vuelvas por aquí hasta que no te deje de doler la pierna. Si es más, mejor”.
El sistema siempre funciona.