La paletilla
Esto de las opiniones es, en palabras de mi abuelo, como el culo, que todo el mundo tiene una. Así que allá vamos con la mía.
Conste, antes de empezar que lo que voy a exponer no es más que una opinión, que no pretendo convencer a nadie de nada, ni demostrar nada, ni criticar la opinión de nadie más, y todos los demás “disclaimers” habituales.
Empecemos por revisar lo que es el paratín en sí: un iPhone, pero más grande. Bien, aunque eso parece ser decepcionante para muchos, sinceramente, ¿qué otra cosa podría ser?
Muchas de las reacciones que estoy viendo me recuerdan a las que vi hace tres años cuando se presentó el iPhone. Es lo que pasa con los productos de Apple, que por un lado resulta casi imposible cumplir las expectativas que los fans, sin ningún fundamento, generan, y por otro, que siempre va a haber quien mida el cacharro en términos de “lo que no tiene”.
Primero, vamos con los “no tiene”. No voy a decir que sea una actitud equivocada, porque en estas cosas no creo que haya actitudes correctas ni equivocadas, pero siempre hay quien ve los cacharrines como una suma, una acumulación, de features. Según esta teoría, si un teléfono tiene GPS y brújula y otro sólo tiene GPS, el primero será mejor cacharro.
Yo creo que no se trata de lo que un aparato tenga o no tenga. Se trata de lo que se puede hacer con él, y sobre todo, de cómo se pueden hacer cosas con él, de cómo se puede manejar. Y ahí, coincido plenamente con la filosofía de Apple: es mejor construir una experiencia de usuario, un cacharro que haga pocas cosas pero que las haga bien, a un cacharro que teóricamente pueda hacer muchas cosas pero que no las haga tan bien. Por eso prefiero un iPhone a un Android. Lo dicho, una opinión.
De ahí, una de las predicciones de ayer: la del analista diciendo que el aparato va a ser un fracaso porque no tiene determinada feature. Esto lo hemos visto ya millones de veces con los productos de Apple. ¿O ya nadie se acuerda de “rediós, el iPod no reproduce ogg ni flac!”? ¿O qué tal el “rediós, el iPhone no tiene GPS y cuesta chorrocientos mil dólares, eso no lo va a comprar nadie”?
Ahora vamos a por los fans. No hay nada como pasarse por las webs makeras el día antes de una presentación para ver las mayores marcianadas disponibles en el catálogo. Sonoro fue, ayer sin ir más lejos, el caso de una web makera en castellano, que rebotó unas especificaciones literalmente imposibles e increíbles, en las que los lectores se estuvieron cociendo durante todo el día. Luego, que vienen las decepciones. Tampoco es la primera vez que pasa esto, ni será la última.
En este caso, además, ha pasado un poco como en los tiempos en los que cada evento de Apple venía precedido del rumor obligatorio de “un portátil con G5″. En realidad, no era rumor, sino que era el deseo personal de alguien, que vertía en un foro, y sobre el que se empezaba a iterar en espiral. Pues lo mismo pasó ayer. ¿Un tablet corriendo algo que no sea el sistema del iPhone? ¿De verdad alguien puede creerse eso?
Bien, una vez dicho esto, vamos ahora con la parte más subjetiva de este postis: mi caso personal.
Yo me gano los cuartos haciendo software. También, como soy un tío con inquietudes, hago otras cosas, como leer libros en papel o en mi Kindle, tirar fotos, de vez en cuando juego un poquillo, también me gusta mucho ver pelis, y oir música. Y, claro, los paseos por la playa al amanecer y que me hagan reír. Pero eso ahora no viene a cuento.
No quiero dar muchos detalles escabrosos, pero digamos que la conclusión es que, para lo que yo necesito, para mis patrones de uso habituales, con un iMac y un iPad voy más que apañado. Se acabó el portátil. ¿Toca currar? Al pantallón. ¿Toca salir de casa pero seguir conectado? A la paletilla. ¿Toca irse de vacaciones? Más paletilla (y según el caso, crema solar). Cogen la idea…
Y es que sinceramente, tal y como yo lo veo, el iPad es a la vez: netbook, lector de libros, iPod, reproductor de vídeo, navegador web-lector rss, cliente de correo, consola, una auténtica oficina portátil (para, repito, mis necesidades) en 700 gramos y 10″. Todo eso a la vez, pero sin ser ninguna de esas cosas del todo. Por eso no se debe medir con la misma vara (la de capacidad de proceso/ram) con la que se mide un ordenador, porque NO es un ordenador. Es un instrumento de computar, sí, pero no es lo que siempre hemos entendido por ordenador.
¿Que puede mejorarse? Desde luego, y a mínimamente rentable que resulte para Apple pasará como ha pasado con el iPhone: cada iteracción irá añadiendo mejoras. Como se hace con el buen software. Como debe ser.
Bastante indiscutible todo. Y ninguna duda de que venderá como rosquillas. Pero me reservo mi opinión de que, en el territorio especificaciones (no he tocado, no puedo decir más, naturalmente) es, básicamente, lo lógico. Uno puede imaginar a Asus poniendo en el mercado exactamente el mismo cacharro (pero con Android) para el día en que el iPad se ponga a la venta (con la UX Android, y no la iPhone, desde luego, y vendiendo la décima parte): misma pantalla, mismo peso, misma vida de batería, misma capacidad de proceso, todo [todas las especificaciones 'hardware', jamás me metería con la experiencia] +/- 10%… Y me dejarás preferir (inútilmente, muy probablemente, que servidor tiene un notable historial de apostar por caballos perdedores con consistencia) una plataforma en la que no haya un señor controlándolo absolutamente todo (aún con el coste de una experiencia de usuario un orden de magnitud peor)…
Indiscutible también. Ahí entramos además en el terreno de discutir los beneficios/peligros del “dictador benevolente”. Que por cierto, no es tan dictador, a efectos prácticos al menos, lo que hace el proceso de aprobación de las aplicaciones en la mayoría de las veces es QA que deberíamos haber hecho los desarrolladores antes. Sí, hay limitaciones al contenido, pero son mínimas.
La cuestión me parece más de principios que práctica, sinceramente. O se pasa por el aro, o no se está dispuesto a pasar, por muy ancho que éste sea. No sé si me explico.
Por lo demás, efectivamente, se puede resumir en “yo no quiero que me lo den montado, me lo quiero montar a mi manera” (lo que yo llamo filosofía de línea de comandos) o “a mí que me lo den hecho, o por lo menos muy mascadito” o filosofía Apple.
“Limitaciones al contenido”, sí, excepto que a mí me gustaría un iVLC o un Opera for iPad… Y callo por hoy, que se me acumula (el trabajo, no las opiniones)…
Te creo (lo de las opiniones y lo del curro). Pero eso no va a pasar con Apple. Es lo que hay. Y no es que me parezca bien, pero tampoco me parece tan malo. Porque todos sabemos a priori que son las reglas con las que hay que jugar (volvemos a lo del dictador benévolo) y porque ambos dos (añádase Firefox, por favor) funcionan como el culo en la plataforma, y parecen sacados de una película totalmente diferente.
Eso sí, como me digas que quieres flash, te baneo de por vida, descendientes incluidos. Que todo tiene un límite.